jueves, 17 de noviembre de 2016

Los pro y los contra de la autopublicación

Aunque hay muchos que todavía no conocen que existe una plataforma gratuita para publicar sus libros y venderlos en todo el mundo, hay editoriales llamadas de coedición en las que cualquiera puede hacerlo pagando. También hay algunas que no cobran por sus servicios, pero a la larga puede resultar en una relación de pesadilla, pues jamás pagan nada a los autores y se apropian de las obras hasta per saecula saeculorum, lo que quiere decir hasta que el contrato se venza, y en estos tiempos cuatro o cinco años significan demasiado para un escritor.

Esta entrada la voy a dedicar a los escritores que publican por publicar en las plataformas más conocidas, como Amazon, Kobo, Tagus, etc. Digo esto porque leí hace poco un artículo de George Parker: Cheap Words, Amazon is good for customers. But is it good for books? Palabras baratas, Amazon es buena para los clientes. ¿Pero esto es bueno para los libros?

Aunque el artículo tiene un par de años, la situación, específicamente la que corresponde a la mala fama que acarreamos los que publicamos por Amazon, hoy tiene más vigencia que nunca y se lo debemos a la enorme cantidad de gente que se cree capacitada para publicar y se pone muy oronda el título de "escritor", ya sea en su blog, en sus perfiles de Facebook, de Twitter, o donde sea que figuren en las redes sociales, sin ser verdaderos escritores. Es más, algunos ni siquiera han terminado de escribir el libro y ya tienen el título de escritor.

Es un hecho que hay muy buenos escritores que autopublican en Amazon, pero también lo es que hay demasiada basura. Da pena abrir la muestra de algunos libros y ver que en la primera página cometen errores de bulto. A veces las portadas y los títulos son tan buenos y llamativos que supongo los lectores caen en la trampa sin fijarse primero en la muestra gratis. Un error que jamás deberían de cometer, pues para eso existe. Se pueden leer cuatro o cinco capítulos de la novela antes de adquirirla.  

Creo que debo hacer una aclaración porque existe cierta confusión en cuanto a lo que significa "Autor Independiente". Yo me considero una Autora Independiente. ¿Por qué?

Porque elegí autopublicar. No tengo un historial de rechazos editoriales, y he publicado a través de ellas, pero mi experiencia no fue la que esperaba. Tal vez pequé de impaciente y quise ver resultados en poco tiempo, tal vez mis novelas no fueron lo suficientemente buenas como para que se convirtieran en éxitos. Pueden existir muchas causas, pero pasaron por la criba de casas editoriales importantes y fueron aceptadas de manera rápida y sin contratiempos.

Porque como autora independiente puedo escoger con quién publicar. Si Amazon tiene muchas ventajas, una de las más importantes es que un libro bien escrito puede alcanzar buenos lugares (también los mal escritos), y son las editoriales las que nos buscan para publicar esos mismos libros que alcanzaron ventas de muchos miles de copias. Antes era impensable que una editorial se interesara en un libro que no sea inédito. Con Amazon esa visión cambió, porque vieron el filón que tienen algunos autores. También es de gran ayuda la autopromoción que hacemos de nuestras obras; yo he sido contactada por editoriales a través de Twitter, y mis libros en francés están siendo traducidos por una editorial que me encontró en Facebook y en mi blog. 

Porque como autora independiente puedo elegir qué libro publicar, cuándo hacerlo, qué precio poner, elegir la portada que más me guste, y cobrar puntualmente. Pero también puedo estudiar las propuestas que me ofrecen las editoriales, y escoger la que mejor me convenga.

Porque como autora independiente puedo tratar directamente con las firmas interesadas en mis libros para convertirlos en otros formatos como el audible, o estudiar una propuesta para una traducción de cualquiera de mis novelas. Y somos varios los autores independientes que no tenemos problemas para publicar al mismo tiempo también por editoriales regulares, no soy la única.

El autor autopublicado lo es porque no le queda otro camino. Después de haber presentado su libro o manuscrito a varias editoriales ha sido rechazado en todas, excepto las de coedición, obviamente; es entonces cuando se deciden a publicar por Amazon. En algunos casos les va genial y su libro llega a las alturas. En otros no lo logran. Creo que estos últimos deberían estudiarse y releer y corregir a profundidad sus escritos, pues no solo se dañan ellos, dañan a los buenos escritores que publican en Amazon.

También se da el caso de escritores muy buenos que no logran vender demasiado y muchas veces me pregunto la razón de que esto ocurra. Puede deberse a que la mala literatura que se vende en Amazon ha acostumbrado a cierto tipo de lectores a leer historias fáciles con finales felices, o novelas que se escriben en un dos por tres y son lanzadas como churros para satisfacer una generación de lectores poco habituados a la lectura de los clásicos, porque de hecho estamos viviendo una era cultural fomentada por la televisión desbordada de programas de baja calidad que se ocupa de la vida y milagros de gente de la farándula o de los talk shows y pretenden pasarlos como "testimoniales". Lo cierto es que la baja calidad de los lectores es preocupante, y estos buenos escritores no encuentra público para sus obras. 

No es verdad que los que vendemos mucho es como consecuencia de las "amistades" que tenemos en Facebook o en cualquier red social. La mayor parte de las personas que leen mis libros son completos desconocidos; dejan de serlo después de que me envían sus cartas o contactan conmigo a través de Twitter o Facebook, no al revés. La mayoría de mis amistades son escritores, y ellos pocas veces leen mis libros. Están más interesados en vender los suyos.
Tampoco es cierto que los comentarios sean producto de una confabulación amistosa. Tengo comentarios de todo tipo, buenos, regulares y malos, y en general hay algunos escritores que escriben de manera muy mediocre y me han dejado comentarios de tres o cuatro estrellas. Con esto no digo que mis novelas sean obras de arte, pero hay quienes Miran la paja en el ojo ajeno y no miran la viga en su ojo. Así que cuando de lectores se trata prefiero que no sean escritores. Claro que hay excepciones.

En suma, lo que me parece importante es que tratemos de elevar la calidad de lo que publicamos en Amazon y demás sitios similares, porque a la larga saldremos perdiendo todos. Llegará un momento en que los lectores dejarán de prestar atención a los autopublicados independientes y se limitarán a leer solo a los autores consagrados, entonces nos veremos obligados a publicar solo por editoriales, lo cual no es lo que más conviene.

¡Hasta la próxima, amigos!

Blanca Miosi

sábado, 15 de octubre de 2016

Hoy se lee más que nunca

Leer abre horizontes. Una persona habituada a la lectura será más crítica, aprenderá a deducir, se enterará de cosas que jamás hubiera imaginado que existieran, y por si fuera poco, disfrutará mientras lo hace. Las personas que leen son en cierta forma peligrosas para los gobiernos, pues dejan de ser meros instrumentos de votación para convertirse en jueces.

Muchos tienen la creencia de que Internet con sus redes sociales ha perjudicado el interés que las personas tienen en el mundo que los rodea y yo diría que es todo lo contrario. Hoy en día cualquiera que esté interesado en el planeta y también en lo que ocurre fuera de él puede acudir a numerosas fuentes de información en Internet —sí, ya sé: no todo lo que ahí se publica es 100% verídico—, pero eso también es parte de nuestra formación. Con el tiempo vamos aprendiendo de qué fuentes nutrirnos y localizamos las más fidedignas. La gente no abandona la lectura, como comentan muchos, por estar metida en las redes sociales; creo que la gente se nutre de toda clase de información al hacerlo. Facebook, por ejemplo, es una fuente de información. Se publican no solo los cumpleaños y las fotos del niño recién nacido, las fotos de la mascota bailando merengue o de la boda de una pareja hace cincuenta años; también encontramos artículos interesantes acerca de lo que ocurre en política en el mundo, los inventos tecnológicos, los ganadores de los premios Nobel, Pulitzer, o quién es el científico más reconocido de la actualidad, algo que antes hubiera sido imposible saber o al menos enterarnos de toda la información al mismo tiempo, y ¿cómo se entera la gente de todo? Leyendo. Así de simple. También en las redes sociales se lee.

Claro que no todos comprenden lo que leen. Algunos se limitan a ojear los encabezados de las noticias y emiten opiniones disparatadas. Cuando lo notan (si llegan a hacerlo), aprenden que la próxima vez para no quedar en ridículo deben darse el trabajo de informarse mejor. Eso pasa muy a menudo, incluso a mí me ha sucedido. En las redes sociales, como en la vida normal, todos intentamos mostrar la mejor cara —a algunos no les interesa esta parte, aclaro—, pero la mayoría desea mostrarse más culto, más inteligente, más informado… y todo eso se obtiene leyendo, buscando, escarbando entre la infinidad de noticias que aparecen sobre un mismo tema.

Algunos estudios determinan que frecuentar las redes sociales influye en la memoria, desarrolla partes del cerebro: “Gary Small de la Universidad de California, advierte que el uso excesivo de Internet (más de 10 horas al día) puede reducir gravemente las aptitudes sociales de una persona, sin embargo, su moderación representa una fuente sorprendente de ejercicios para la mente y atenúa la degradación del cerebro producida por la edad.” Yo no estoy muy de acuerdo con la primera parte del enunciado, pues a través de las redes sociales nos relacionamos con gente de diversas culturas que antes jamás hubiéramos tenido oportunidad de contactar —no hablo de conocer porque ni teniendo en frente a la persona se la podrá conocer— e intercambiar gustos, ideas o costumbres.  Eso también es socializar, y si se vive en una misma ciudad es frecuente que las personas que se contacten a través de Internet puedan reunirse, con lo que se estarían incrementando las aptitudes sociales. Y no hablo de encuentros con fines románticos sino de reuniones grupales con fines determinados, como de escritores, lectores, gente amante de las artes culinarias o también por el simple deseo de tratar a las personas con las que se conversa a través de la pantalla.


La lectura es un medio que nos conduce hacia nuevos horizontes, como escribí al principio, y de la única forma de conectarse con el mundo a través de Internet es leyendo y escribiendo. Por eso pienso que hoy se lee más que nunca. Los que antes eran simples lectores tienen blogs en donde escriben de libros; muchos entran, leen y opinan, y no solo hay gente escribiendo de libros: existen blogs con toda clase de temas y gente que opina. Tal vez también sea por eso que hoy existen más escritores que nunca.


¡Hasta la próxima, amigos! 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Cómo comprar libros digitales en Amazon?

Es una de las compañías más exitosas en la venta de libros, algunos la califican como la librería más grande del mundo, y sin embargo muchos no saben que desde hace algunos años en esa librería se pueden comprar libros en formato digital a precios realmente ridículos.

¿Qué es un libro digital?  Es un libro que se puede leer en la nube, como llaman al ciberespacio. Es decir, si tienes una computadora o un ordenador, puedes descargar libros y leerlos. Pero leer en la pantalla de la computadora es incómodo, no es lo mismo recostarse en un buen sillón, echarse en la cama o llevar el libro donde sea que vayamos. Para eso existen los lectores electrónicos, o eReaders. En ellos se leen con toda comodidad los libros digitales.

¿Cómo se compran los libros digitales? Muy sencillo:

1.      Lo primero es tener una tarjeta de crédito o débito internacional.
2.      Registrarse en la tienda Amazon
3.      Es muy fácil hacerlo, la misma tienda les irá indicando qué deben hacer.
4.      Una vez registrado, pueden empezar a comprar.
5.      Aconsejo comprar un lector Kindle, es de uso sencillo y de precio accesible.
6.      Cuando tengan su Kindle en las manos pueden empezar a comprar los libros que deseen, existen millones de ellos.

Un lector electrónico tiene muchas ventajas, desde un almacenamiento de miles de libros, hasta poder adaptar el tamaño de las letras. Algunos libros tienen letras tan pequeñas que se hace difícil la lectura, con un Kindle podrás leer con comodidad sin forzar la vista.

Es una experiencia maravillosa, yo he dejado de comprar libros impresos, que además de ser muy costosos, una vez terminados solo acumulan polvo. ¿Eres de los que les gusta subrayar las partes importantes? Puedes hacerlo con el Kindle y almacenar tus notas, también puedes escribir, y enviar tu comentario al autor que quedará publicado en la página del libro en Amazon.

Hoy en día debemos aprovechar las ventajas de la tecnología, y si te siguen gustando los libros en papel, siempre puedes seguir haciéndolo, pero, ¿a que no es mejor ir de viaje cargando treinta libros en un Kindle que cinco en la maleta o el bolso?

¡Hasta la próxima, amigos!

Nota: Si deseas adquirir un Kindle ve a este enlace: AQUÍ


jueves, 1 de septiembre de 2016

Múltiples opciones para autopublicar.

Existen muchos lectores y escritores confundidos cuando en alguna conversación se menciona a Amazon, sobre todo en una sociedad tan limitada en alcances tecnológicos como la venezolana pues tenemos más de una década de restricciones en el uso de divisas extranjeras, lo que hace imposible la compra por Internet, que es en la que se basan los métodos de lectura y publicación digitales.

La gente aquí conoce Amazon, claro que sí. Pero la conoce porque compraba todo tipo de mercancía; libros, incluso. Pero la mayoría de escritores no sabe que en esa plataforma puede publicar sus libros gratis a través del sistema Kindle Direct Puiblishing o KDP como se lo conoce en el argot de escritores. Algunos tienen una vaga idea de qué se trata, pero la información que les llega es sesgada, dando como resultado que nos miren como una “subespecie”: escritores que al no tener otra opción para ser publicados recurrieron a Amazon. Y no es así. Al menos no en mi caso. Fui publicada sin ningún contratiempo por editoriales de prestigio pero decidí hacerlo por Amazon por mi cuenta.

¿Fue porque mis libros no tuvieron acogida? ¿Por qué eran muy malos? ¿Por qué no se vendían? No.

Si así hubiese sido mis libros La búsqueda y El legado todavía podrían encontrarse en las librerías y la realidad es que están agotados. Me consta que se vendían a través de cadenas de librerías en Argentina, Uruguay, México, Colombia, Perú… pero una vez agotados los ejemplares no había reposición. Y si se buscaban en España, el país donde fueron editados, ocurría igual. No tuvieron la oportunidad de una segunda edición, no porque fuesen muy malos, es porque las editoriales están saturadas de nuevos lanzamientos y no se dan el tiempo necesario para promocionar los libros y esperar los resultados. Si un libro no se convierte en la primera semana de lanzamiento en un boom corren a buscar a otro que sí parece tener las cualidades de convertirse en el próximo gran bestseller.

Cuando los publiqué en Amazon empezaron a venderse por miles, tanto en formato digital como en papel. Aquí debo aclarar algo: Los autores que publicamos a través de KDP podemos vender nuestros libros en formato digital y también en papel, como cualquier escritor publicado por editorial. Y también en audible, como la mayoría de mis libros. Lo aclaro para quienes piensan que solo publicamos libros digitales.

¿Cuánto cuesta publicar en Amazon?

La publicación es gratis. Sea en papel o digital. Amazon cobra por la venta de cada libro como lo haría cualquier editorial, la diferencia consiste en los porcentajes:

Una editorial paga al autor entre un 8% a un 12% (en el mejor de los casos) por la venta de cada libro.

Amazon paga el 70% si el libro es digital y está arriba de US$ 2.99 como precio de venta al público, y el 30% si el libro digital está por debajo de ese precio. En cualquier caso la ganancia que se lleva el autor es mucho mejor comparada con la publicación a través de editoriales.

Por eso me asombra saber que todavía existen “editoriales” de autopublicación y me asombra más saber que hay escritores que pagan para ser publicados. Creo que los motivos son engañosos, pues piensan que la editorial de autopublicación correrá con todos los gastos de presentación, promoción y demás ofertas que hacen para captar al escritor y a la larga eso se diluye en nada; promoción cero y lo más importante: la edición absolutamente nula. He leído libros con fallas ortográficas y de estructura que dan vergüenza.

Cuando voy a reuniones de escritores aquí en Caracas que es donde resido y se enteran de que publico en Amazon, capto miradas de conmiseración. Y si se enteran de que soy una de las escritoras que más vende en Amazon muestran un gesto de amable comprensión. “Ah, claro, en Amazon”, sin saber que mis libros se leen en todo el mundo en varios idiomas y no solo en digital; también en papel y en audible.

¿Por qué el rechazo a los escritores que, como yo, son independientes? Por ignorancia. Para el mundo intelectual ser independiente es sinónimo de fracasado. Es no haber sido aceptado por ninguna editorial y tomar el camino de la autopublicación como último recurso porque no queda otro camino. ¡Qué equivocados están! Y me encanta bajarlos de su pedestal cuando les digo que he publicado y, de hecho, sigo haciéndolo a través de prestigiosas editoriales, porque ser independiente es eso: poder escoger con quién publicar y en qué términos, pues somos nuestros propios agentes literarios y elegimos lo que más nos conviene.

Autopublicar en Amazon no es motivo de vergüenza. Si se hace por las razones correctas es motivo de orgullo; nuestros libros llegan a rincones de la Tierra a los que jamás los llevaría una editorial y ganamos mucho más que con ellas, eso está clarísimo, sin embargo hay críticos de esta forma de publicación y sus razones son valederas: al tener la facilidad de publicar se lanzan al mercado libros sin corregir y en muchos casos mucha basura. Y tienen razón. Pero todo tiene su público. El lector acostumbrado a buenos libros desechará los malos, así de simple. En esto rara vez hay segundas oportunidades. Si un escritor por el apuro de ver su obra publicada pasó por alto la corrección ortotipográfica y de estilo tan necesaria para el estándar al que están acostumbrados los consumidores de libros, tendrá como consecuencia el ser borrado de la preferencia de los lectores aunque ponga en letras grandes: “Edición corregida”. Nadie lee un libro por segunda vez para verificar las correcciones, a menos que tenga alguna afinidad directa con el escritor.

El escritor independiente es libre de escoger en qué plataforma desea publicar. Hoy en día hay muchas además de Amazon, que es la más importante:

CreateSpace (papel)
Lulu 

¡Hasta la próxima, amigos!



domingo, 28 de agosto de 2016

La responsabilidad del escritor.

Antes de dedicarme casi a tiempo completo a dar el último repaso a mi más reciente novela, leí Control Total, escrita por David Baldacci. Fue publicada en 1997, cuando las redes de la información no habían llegado a ser lo que hoy son: una vorágine que cuando se sabe utilizar para fines criminales, puede servir para casi cualquier fechoría.
Control total tiene un ritmo endiablado desde las primeras páginas; un avión se precipita a tierra como consecuencia de un sabotaje. En él viajaba el presidente de la Reserva Federal. Ciento setenta personas más mueren junto a él, carbonizadas. El motivo: un sucio juego de espionaje de secretos informáticos, cuyos alcances amenazan transformar la red en la que actualmente nos movemos en un arma de doble filo. En realidad, ya lo es; cada vez que accedemos a Internet vamos dejando un rastro que jamás será borrado. Si una persona decide hacernos la vida imposible lo único que debe hacer es entrar a nuestro correo electrónico, y hasta a nuestros archivos personales. Nunca hemos sido tan vulnerables como ahora, y sin embargo muchos de nosotros consideramos la red una herramienta ya imprescindible.
Pero me estoy alejando del tema de esta entrada, en realidad lo que me llamó la atención de la novela mencionada, fue la última página, la nota del autor, dice así:


El avión presentado en las páginas precedentes, el Mariner L800, es ficticio, aunque algunos de los datos indicados en el libro se basan en verdaderos aviones comerciales. Sabiendo eso, los entusiastas de los aviones no tardarán en señalar que el sabotaje del vuelo 3223 está lejos de ser verídico. Los «errores» descritos fueron totalmente intencionados. Mi objetivo al escribir este libro no ha sido el de preparar un manual de instrucciones para causar daño a las personas.

En otro párrafo continúa:

A medida que los ordenadores de todo el mundo queden vinculados a una red global, se corre el riesgo, que aumenta proporcionalmente, de que una sola persona pueda llegar a ejercer algún día el control total sobre ciertos aspectos importantes de nuestras vidas. Y, como se pregunta Lee Sawyer en la novela: «¿Qué pasará si el tipo es malo?»

Siempre me he preguntado si lo que escribimos tiene alguna repercusión en el lector, más allá de lo que significa la lectura como pasatiempo. Recuerdo que cuando leí por primera vez a Hermann Hesse quedé tan impresionada que empecé a ver el mundo de manera diferente. Creía a pie de juntillas que todo era producto de una ilusión, y que mi realidad, la que yo había dado por hecho desde que tenía uso de razón, era un invento de mis sentidos. ¿Cuántos libros habremos leído que nos han hecho reflexionar, creer en algo en lo que antes no reparábamos, o en pensar que tal vez exista algo más que el mundo que nos rodea? Al fin y al cabo el conocimiento proviene de los libros, tenemos una reverencia casi atávica por ellos, y hasta antes de que comenzara a escribir, yo particularmente, creía muchas de las teorías que en ellos se exhibían. ¿Acaso en algún momento no nos hemos parado a reflexionar profundamente sobre nuestro papel en la sociedad, después de leer «1984» de George Orwell? ¿O como consecuencia de El capital, de Marx, el planeta se conmovió en sus cimientos?

Creo que todos los escritores tienen una gran responsabilidad por las ideas que exponen en sus escritos, ensayos, y por supuesto, en sus novelas. El público ha sido influenciable desde siempre, recordemos a Orson Welles cuando hizo salir de sus casas a miles de personas, al relatar por radio un pasaje de La guerra de los mundos, de H. G. Wells, y en esta época en la que parece que ya nos hemos saturado de todo, siguen existiendo seguidores de sectas de las más disparatadas creencias. Es como si la gente deseara creer en algo. No podemos contar con el sentido común de las personas, pues en realidad, son muy pocas las que lo tienen, y no lo digo en sentido peyorativo, yo misma me considero una persona con muy poco sentido común, si no fuese así, jamás habría empezado a escribir novelas, pues no existe nada más lejos del sentido común que pasarse horas tras horas argumentando situaciones que sabemos que son irreales, para que los demás piensen que sí lo son; y por otro lado, están los lectores que desean creer que lo que leen es cierto a sabiendas de que es una ficción, es más: si encuentran alguna muestra, por más ligera que sea de que lo que están leyendo no los ha engañado suficientemente, se sienten defraudados. Pero existe el peligro que dentro de la miríada de escritores, haya unos cuantos cuyos argumentos, por ejemplo, convenza a buena parte de la población de que la Guerra Santa es sagrada y obligatoria, y que autoinmolarse los llevará directamente al paraíso, ¿no correríamos entonces todos el riesgo de ser objeto de atentados terroristas, como ya está sucediendo?

Existe un libro llamado: La anatomía de la brujería, por Peter Haining. En él se describen los rituales seguidos por las sectas satánicas, adoradores de la magia blanca, costumbres y rituales demoníacos, con un despliegue de información espeluznante. Me pregunto cuántos de los asesinos en serie que existen actualmente habrán tomado ideas de este libro. ¿Y qué me dicen de la Biblia? sus millones de seguidores en todo el mundo creen firmemente que es la palabra de Dios.

Ahora, díganme ustedes: ¿Es o no es una gran responsabilidad ser escritor?

B. Miosi

jueves, 25 de agosto de 2016

¿Cuál es el activo económico más importante de una empresa?

En la era actual es sin ninguna duda el cliente. El usuario.  Recuerdo que hace poco más de diez años compré en Amazon un CD. En lugar de eso después de una semana me llegó un libro de contabilidad computarizada. ¡Y en inglés! Les escribí informándoles del error y su respuesta inmediata fue: "Le enviaremos de inmediato su CD. Si usted desea, puede donar el libro a alguna institución o biblioteca".

Dicho y hecho. El CD me llegó en una semana y el libro lo obsequié al hijo de una amiga que estudiaba entonces Ingeniería de Sistemas. Lo que me sucedió no lo he olvidado, y es algo tan importante a mi modo de ver, que desde ese día pienso que la actitud que tengamos con nuestros clientes es el activo económico más importante de una empresa. Me hizo una fiel cliente, y Amazon nunca me ha defraudado.  Es un requisito que cualquier empresa de cualquier tipo debe tener en cuenta. Los clientes hoy en día tienen el poder a un golpe de clic. Todo se dice en las redes. Todo se sabe en las redes. Y si la percepción de nuestros potenciales clientes es negativa esa percepción recorrerá el mundo, lo sabrán quienes nos compren o no. No es necesario que la noticia se vuelva viral, simplemente existe.


La confianza en una marca no la hace la promoción. Se crea basándose en la experiencia con el producto y la recomendación. Un buen producto se aprecia y se recomienda, hoy más que nunca. Y esto vale para todo, incluyendo los libros.

¡Hasta la próxima, amigos!

miércoles, 3 de agosto de 2016

¿Novela romántica o francamente erótica?

En este blog ya he hablado hasta la saciedad de cómo publicar un libro en Amazon, cómo utilizar las redes sociales para promocionar nuestros libros, qué necesita un libro para tener la posibilidad de convertirse en un bestseller…  hoy voy a hablar de las tendencias, es decir, de lo que la gente más está comprando, o mejor dicho: el tipo de lectura que más se vende.

Creo que ya todos sabemos (al menos los que estamos en el mundo de la publicación) que las mujeres somos las que más leemos, por lo tanto las editoriales y los escritores independientes, y los que autopublican, se interesan en la novela romántica, preferiblemente erótica. El erotismo no es nuevo, pero después de las 50 sombras parece que hubiera caído algún mito y se ha perdido el pudor. Quien no escribe una escena de erotismo explícito es un escritor “poco maduro” o con “algún problema de libido o complejo sexual”.  Así que las y los escritores se han dado a la tarea de ahogarnos en un mar de novela erótica disfrazada de novela rosa.  Y parece que han dado en el clavo. Millones de lectores se vuelcan a este tipo de lectura y lo admiten públicamente, se han creado páginas específicas para el género, se intercambian novelas, comentarios, y piden más y más, y las escritoras de novela erótica no se dan descanso escribiendo para poder saciar el voraz apetito de sus lectoras. Para muestra basta ver la cantidad de portadas dedicadas a tema:


¿A qué se debe este fenómeno? ¿Será que hay tal cantidad de mujeres (digo mujeres porque son las que más consumen este tipo de lectura) frustradas que de la única manera como llegan al clímax es leyendo? Sé que saldrán algunas diciendo que hablo por despecho, porque no escribo novela romántica. No es así. Como escritora soy capaz de escribir y describir la más pervertida escena erótica, pero no me atrae este tipo de literatura. Ni leerla ni escribirla. Y no es que sea superior o inferior, más o menos inteligente o más o menos desinhibida, simplemente soy diferente. A veces leo comentarios que dicen que ya están saturadas de tanto sexo. Pero después vuelven a la carga. Lo entiendo. El sexo es lo único por lo que alguien dejaría de comer.

Yo seguiré con los temas que me gustan, y me perdonan las personas que se me acercan para contarme sus tragedias pensando que son argumentos perfectos para una novela, o quienes me escriben relatándome oscuros secretos familiares. Sus historias son respetables, pero los temas que escojo escribir son absolutamente originales. No escribo de madres que hicieron la vida imposible a sus primogénitas, o que fueron abandonadas con quince hijos. Me gusta escribir historias que jamás podrían ocurrir,  o que nadie se las ha imaginado o conocido. Los asesinos seriales, los vampiros, las mujeres engañadas… se han vuelto temas cotidianos.  Y si escribo una novela romántica, la protagonista jamás se arrepiente de haber sido prostituta, ni se siente con la obligación de rendir cuentas al marido. Prefiero que sea una depredadora, sin que tenga que llenar páginas y páginas de sexo puro y duro.

Hasta aquí llegué hoy. Ya saben que no me gusta extenderme, eso se lo dejo a los que para explicarse deben llenar cinco cuartillas.


¡Hasta la próxima, amigos!

martes, 26 de julio de 2016

 Concurso Indie 2016 dice
La escritora Blanca Miosi tiene un par de consejos para los autores independientes que se animen a autopublicar su obra. Participa en el‪#‎ConcursoIndie2016‬ y cumple tu sueño: http://ow.ly/nEWn301Kzu5

martes, 12 de julio de 2016

Finalmente: Tarea cumplida.

Terminar de escribir una novela produce satisfacción por la tarea cumplida. Para mí no hay peor cosa que no terminar lo que se comienza, cueste lo que cueste aunque tenga que enfrentarme a lo que sea.

Creo que en ese sentido escribir es un buen ejercicio que me ayuda a ordenar mi vida, a ser organizada, a soportar la presión, a comprender a la gente... la escritura conlleva muchos beneficios, además de ser una de las mejores terapias del mundo.

El tiempo promedio que me toma una novela es seis meses. Corregirla ya es otro cuento, pues debo dejar que repose, releerla, darla a que la lea mi lector Beta (es un experto y es voluntario); someterla al escrutinio de las tertulias literarias que tenemos los sábados con mis entrañables y queridos amigos Heberto, Iris, Krina, Cesia y en ocasiones Oscar, en las que debo someterla a todo tipo de análisis y correcciones que me ayudan a seguir aprendiendo, de manera que para mí la escritura más que un oficio es una manera de vivir. Gracias a ella he podido tener los mejores amigos del mundo, y por la escritura me he visto envuelta en el mundo de Internet, en resumen: cambió mi vida.


Dicen que es un ejercicio mental que ayuda a mantener el cerebro saludable y la mente en constante evolución, y así lo creo, pues una novela requiere una trama urdida de la manera más complicada posible y al mismo tiempo ir encontrando la solución a cada uno de los problemas que se van presentando. Y créanme, no sé por qué motivos siempre elijo temas sumamente complicados y para mí es todo un reto poder encontrarles solución, porque la escritura es eso: Empezar un rompecabezas por la parte más inocua, es decir, de una manera que no se presienta el desenlace.

Así ha sucedido con cada una de mis novelas, excepto con "La búsqueda" porque trató acerca de la vida de una persona, pero aun así, creo que hay partes absolutamente impredecibles.

Hoy estoy satisfecha. He puesto punto final a la novela que empecé a mediados de enero de este año y cumplí con el tiempo estipulado: seis meses. Falta la corrección, pero eso corresponde a otra etapa.

Ahora dejo de escribir esta entrada. Tengo en mente una idea que no quiero que se me escape: mi próxima novela.

lunes, 27 de junio de 2016

La crónica de mis días en Perú

No soy una viajera frecuente, lo reconozco. Para moverme de un país a otro necesito tener una razón. Ir a pasear simplemente no es algo que me atraiga de manera particular, así ocurrió con cada uno de los viajes que he efectuado en estos últimos años: Estados Unidos, Taiwán, España y ahora Perú. Regresé ayer domingo 26 de un viaje varias veces pospuesto por muchos motivos. Esta vez la razón fue de fuerza mayor; se trataba del quincuagésimo aniversario de la promoción en la que terminé la secundaria, La Gran Unidad Escolar (como se la llamaba en aquellos tiempos) Juana Alarco de Danmert. 

Facebook es un sitio donde nadie se pierde. Allí todos se encuentran. Y así fue como me vi envuelta en una vertiginosa pléyade de amistades (porque en Facebook todos somos amigos) que de alguna extraña manera hizo que me animara visitar el Perú y participar en las bodas de oro de la promoción que se llamó "Promoción Emblemática", apelativo que me agradó en grado sumo, hasta el punto que no dudé en viajar a reencontrarme con viejas compañeras de clase, y en otros casos de colegio, porque en aquel tiempo existían seis quintos: A, B, C, D, E y F. Yo terminé la secundaria en el Quinto A, es decir, en letras, a partir de la C eran las chicas inteligentes que estudiaban ciencias. A algunas las conocía de vista, a otras, con toda franqueza, no las pude reconocer por más que hice memoria, como supongo debió pasar con casi todas. ¡Éramos muchas!, cada clase tenía un promedio de 45 alumnas.

Pero este reencuentro fue hermoso. No importó de que quinto éramos, nos juntamos todas y disfrutamos de nuestros respectivos recuerdos, algunas veces adornado por la mala memoria, y otras, encendidos por los excelentes cerebros de unas cuantas que recordaban detalles insospechados. Este viaje me sirvió para conocer a exalumnas que solo había visto de lejos, y puedo decir que casi todas estaban intactas en la percepción que guardaba de ellas, lo comprobé cuando nos reunimos en el apartamento que Dina Hull rentó para los días que estaría en Lima, pues ella vive en Los Ángeles. Charo Vinaza, una chica preciosa que ahora reside en Italia recordaba sus travesuras y hacía de las suyas mientras Nelly Hinostroza contaba cómo hacía guardia en la puerta del baño del colegio para que ella fumara un cigarrito. ¡Y yo no me enteré nunca! Tampoco supe que las chicas se habían llevado uno de los patos del guardián amordazándolo, (al pato, claro) y una de ellas, quien tiene ahora un restaurante, preparó un delicioso arroz con pato que llevó al colegio. Bueno, Kelly Quiróz me lo dijo ese lunes, al parecer ella estaba enterada de todo, hoy en día es enfermera, se casó con un médico. Nada raro, ¿verdad? siendo una mujer tan hermosa...

María Julia Coronado está igualita, siempre con su aspecto de deportista, Dina Hull con esa hermosa sonrisa que la caracteriza y que ilumina todas las fotos, Eddy Luz Espinoza, socióloga que trabaja para el gobierno de México, es tan terrible como lo era hace cincuenta años, de eso no hay duda, Violeta Hinostroza, la que se desmayó cuando era escolta y llevaba el estandarte en uno de los desfiles, sigue tan traviesa como antes; Yolanda Collazos, la cerebro del grupo sigue siendo una lumbrera, Gloria Barrón la presidenta del Club de Periodismo, siempre ecuánime, serena y comprensiva, una admirable amiga; Rosa Izaguirre, presente en cada detalle, ¡conocí a Edi Netto, una peruana que, como yo, vive en Venezuela! Y Zoraida Chinchay, incansable coordinadora, tesorera, y de todo, porque siempre la veía por todos lados... Carlita Suárez, una chica que recuerdo mucho de la secundaria nos contó su vida en el restaurante al que fuimos después de los festejos en el colegio el lunes 20, ¡qué interesante es la vida de cada persona! Norma Córdova me debe su historia; la salvó la campana. Teresita Arakawa, mi compañera de asiento, también tuvo una vida espectacular en Japón, ¡hay que ver qué historias tiene cada una!, y Gladys Puémape, pintora, una mujer de las que muchas deben saber, estuvo presente en todos los eventos con una entereza envidiable.

Mary Flores, mi querida amiga a la que seguí viendo después de que salimos del colegio ¡también se hizo presente!, fue una gran alegría volver a verla, ¡guardo gratos momentos vividos con ella en mis años juveniles!

Me dio mucho gusto volver a ver a Fryda Sánchez, como siempre, con una energía envidiable, se encargó de repartir los bocaditos quitándoselos a las meseras, ¡Gracias Fryda!, ¡si no fuese por ella nos habríamos muerto de hambre porque la ceremonia en el colegio el día miércoles se alargó demasiado! No puedo dejar de nombrar a Carmencita Figueroa, enérgica, movida, alegre como nadie, pero también había entre nosotras artistas (ya mencioné a Gladys Puémape), sin embargo estaba presente Rosa Ríos, una excelente cajonera, y Esperanza Alcalá, que no es artista, pero su hermana sí. 



No pude estar presente en la celebración final en el Centro Español del Perú, pero al menos mis libros sí lo estuvieron y me da mucho gusto saber que mi querida Kelly se sacó "El Manuscrito"; Rosa Izaguirre, "La Búsqueda" y Zoraida Paredes y Norma Lastra "El cóndor de la pluma dorada". ¡Espero sinceramente que los disfruten!

Las chicas de la directiva hicieron un excelente trabajo, no es fácil reunir a tanta gente, coordinar tantos eventos y hacer que todo salga perfecto. Desde aquí mis felicitaciones a: Elena Salas Freyre, Eddy Luz Espinoza, Rosa Izaguirre, Elizabeth Kelly Quiroz, Vilma Gonzalez, Rosa María Ríos Langle, Gloria Barrón, Gladys Sánchez, por su excelente trabajo. 

¡Muchas gracias por hacernos pasar momentos inolvidables!

Este fue un viaje que recordaré de manera especial, me reencontré con personas que había dejado de ver durante 50 años, y lo digo no solo por mis compañeras de clase; también por familiares a quienes había perdido de vista ya desde antes de que me viniera a vivir a Venezuela. Fue una visita en toda regla. He regresado a Caracas con el sentimiento de la labor cumplida y todo gracias a las chicas del Juana Alarco de Danmert, pues sin ellas y la especial insistencia de Dina Hull, probablemente no hubiera ido al Perú.

¡Un millón de gracias por todo el cariño!

PD: Es imposible nombrarlas a todas, pero sepan que sus rostros los llevo conmigo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Algo de mí.

Hace unos 15 años en mi taller de costura
viendo muestras de tela.
Hablar de una misma es como demasiado pretencioso, ¿no creen? Pero hoy en día quien se dedica a algún oficio que tenga que ver con el público no hacerlo es perder la oportunidad que nos dan las redes sociales. Claro que una no va a hablar constantemente de quién es, qué hace los domingos o qué clase de comida le gusta, eso que lo deduzcan los demás. Pero siempre es bueno que las personas tengan una idea de cómo es el autor o la autora del libro que están leyendo.
Para empezar diré que soy una mujer a la que la vida le brindó la oportunidad de tener experiencias desde muy pequeña. Tal vez sea el motivo por el que ahora soy escritora; esas experiencias me permiten comprender mejor a los demás y por lo tanto caracterizar a los personajes de mis novelas. Me casé a los diecisiete años con un joven de diecinueve, ya se podrá imaginar que en lugar de novia parecía estar haciendo la primera comunión, y el cura de la iglesia no ordenó tocar la marcha nupcial porque llegué con un pequeño retraso: a mi padre político se le había olvidado la corbata de lazo en casa y tuvimos que regresar. Entonces no quise comulgar ese día. Cuando el cura me presentó la hostia le dije que no. Tal vez ahora no lo haría. Me la hubiera tragado como las cosas que trago cuando algunas personas me hacen pasar momentos desagradables, pero antes yo era una rebelde sin causa y para qué negarlo, con causa también.

Después de tres años me divorcié, ya tenía un niño de ocho meses. Aclaro que no me casé porque estaba embarazada. Lo hice para salir de casa, por eso antes de que me hicieran casar tuve que fugarme con un chico que le dejó una nota a su madre bajo la almohada, y fue el motivo por el que nos encontraron en Junín. Nuestros sueños de colonizar la selva nunca pudieron realizarse. Nos regresaron a Lima y un mes después estaba delante del altar negándome a recibir la hostia.
Cuando a los veintitrés años vivía sola con mi pequeño ya de tres años y medio y trabajaba para una compañía fabricante de línea blanca (la línea blanca que se ocupa de hacer neveras, cocinas, lavadoras y ese tipo de cosas, no la otra) conocí a Henry Waldemar, más conocido por su familia como Waldek. A partir de allí supe lo que era estar al lado de un hombre en quien podía confiar. Y créanme: no hay nada mejor para una mujer que un hombre que inspire seguridad, alguien a quién admirar y que sirva de ejemplo. A su lado olvidé la niñez insegura y temporaria que me tocó vivir, los años en los que tenía que acostumbrarme cada seis meses a una nueva casa y a una nueva escuela, por eso nunca tuve amistades duraderas y todo para mí era pasajero. No me encariñaba con nada ni con nadie. Y creo que en ese sentido no he cambiado mucho, hoy estoy aquí, mañana puedo vivir en cualquier otro lado y no extrañaré nada. Excepto a mi hijo, claro, porque con los hijos se tienen un nexo muy especial. Absolutamente diferente. Pero tampoco soy de las madres que no pueden vivir sin hablar con él. Me conformo con saber que está bien. Y sabe que siempre podrá contar conmigo. Sin embargo mi relación con Henry fue un caso muy aparte. Él significó en mi vida algo muy especial. Fue madre, padre, esposo, compañero, amigo, maestro… no sé si sea normal encontrar todo eso en un marido, pero tuve la suerte de tenerlo a mi lado durante treinta y ocho años. Jamás olvidaré su figura alta, varonil, su cuerpo macizo de vientre plano y su dulce mirada azul. Si la vida quiso darme un regalo lo hizo.
Hoy en día paso los días escribiendo, no me siento sola en absoluto, siempre fui abanderada de la independencia y aun estando con Henry me sentía libre y aprendí a valerme por mí misma. Me encanta la soledad, es la verdad. Y si no estoy con él prefiero estar sola. Hay quienes me dicen que todavía puedo encontrar el amor. Y yo me pregunto ¿Para qué? No sé por qué consideran indispensable vivir al lado de otra persona. «Te ves bastante joven, todavía tienes oportunidad», es lo que suelen decirme. Yo tengo la oportunidad ahora de vivir tranquila, libre, hacer lo que desee, es como si siguiera Henry con vida, casi nada ha cambiado, siempre hice lo que quise, no quiero perder todo eso para vivir al lado de alguien que estoy segura me coartará de alguna manera, cambiará mi método de vida y muy probablemente hará que viva en función de él. Como veo que ocurre a menudo.

Mientras, seguiré escribiendo, seguiré imaginando historias que quisiera haber vivido, disfrutaré con cada uno de mis personajes, en cada una de las páginas.

He dicho.


domingo, 24 de abril de 2016

Lo que esconde tu nombre - Reseña

En una reunión de tertulianos literarios comenté que me gustaría escribir como lo hacen los ganadores de premios. Una de mis amigas me recomendó la novela “Lo que esconde tu nombre” de Clara Sánchez, una escritora española, y el dueño de casa, que tenía el libro en su extensa biblioteca, me lo prestó. 

Aunque estoy escribiendo “El manuscrito III, el regreso”, no pude evadirme de leerlo porque me picaba la curiosidad. Pensé que tal vez aprendería mucho, especialmente tratándose de una ganadora de los premios Alfaguara, Nadal y Planeta, además de otros.

Pues bien, leí la novela en tres días, no tanto porque no pudiera parar de leerla, sino porque no tengo mucho tiempo para dedicarlo a la lectura, ya que como dije estoy escribiendo.  Lo que esconde tu nombre empezó de una manera lenta. Narrada en primera persona desde dos puntos de vista: el de Sandra, una chica embarazada que no tiene rumbo en la vida, no quiere al padre de su hijo, y lleva una argolla en la nariz; y Julián: un octogenario que en su juventud estuvo recluido en Mauthausen, y al salir se dedicó a la cacería de nazis.

He escrito dos novelas ambientadas en la época del nazismo, y he vivido durante treinta y ocho años al lado de un hombre que estuvo en Auschwitz y Mauthausen, de manera que sé de primera mano cuándo alguien dice verdades o mentiras acerca de estos campos, pero en el caso de esta novela en particular, no encontré muchas inexactitudes, excepto por el hecho de que considero difícil que Raquel, la difunta esposa de Julián y él, hubiesen empezado su enamoramiento en el campo de concentración. La razón es muy sencilla: hombres y mujeres estaban separados. A menos que ella haya pertenecido al burdel, cosa que se aclaró desde un comienzo que no fue así.

Salvando este escollo, diré que el argumento de la novela es poco creíble. No porque una chica embarazada pueda hacer todo lo que Sandra hizo ni porque Julián sea un octogenario. Aunque no se dicen fechas para hacer cálculos de edad, tanto de Julián como de los nazis radicados en un pueblecito perdido en la costa levantina, por las descripciones, se supone que todos ellos eran ancianos. Pero este tampoco es un escollo para que la novela sea creíble. Mi marido a los 78 años era fuerte como un roble. El que ha sobrevivido a un campo de concentración parece dotado de una fuerza y una resistencia espiritual y física poco comunes. Por eso me parece que la autora no debe de haber tratado con gente de la época o con sobrevivientes de los campos. Yo hubiera puesto a Julián con características físicas diferentes, no como a un anciano al que se le puede hacer daño en la muñeca con un simple retorcijón. Tampoco creo que sufriera de tantos males como para tener que ingerir diez pastillas diarias. Los débiles simplemente morían en los campos, más uno tan terrible como Mauthausen en el que tenían que trabajar en las canteras, cargando bloques de piedra y picando roca tantas horas al día.

Pero esto lo hubiese dejado pasar. Es probable que con los años Julián se hubiese convertido en un anciano frágil y enfermizo. Lo que no me convence para nada es que en un pueblo tan pequeño y habiendo sido ya identificado como sospechoso, los nazis de La Hermandad no lo hubiesen reducido, más, si como narra la autora, desde el comienzo de su estadía en el pueblo alguien entró a su cuarto de hotel para revolverlo todo.

De una  carencia absoluta de credibilidad el escape de Sandra saltando del primer piso por una rama lejana a la ventana con Roberto, el Anguila. Y mucho menos creíble que, éste, que pertenecía a La Hermandad, hubiese ayudado a Sandra estando todos en la casa.

Tampoco logré comprender cómo es posible que Julián fuera a recoger a casa de los noruegos las pertenencias de Sandra y saliera tan campante. Ni logré entender cómo, después de tantos años él todavía guardaba tanto rencor y recordaba cada dos por tres lo sucedido en los campos. Tampoco la novela logró convencerme de los motivos que tenía Sandra para involucrarse hasta el punto de poner en riesgo su vida por algo que ni le iba ni le venía, siendo ella una muchacha indolente y sin una idea clara. No me convenció la manera que tuvieron de conocerla los nazis noruegos Fred y Karim en la playa. ¿Socorriéndola porque estaba vomitando? ¿Unos nazis que en todo momento fueron pintados como lo peor de lo peor del Tercer Reich?

Tampoco me convenció el hecho de que ellos quisieran que ella perteneciera a La Hermandad porque estaba esperando un hijo. Algo como en El bebé de Rosmary; solo que en la novela era porque ellos deseaban tener adeptos a su causa. Una causa que tenía más motivos para su extinción por su propio peso que otra cosa. Y por último y lo peor de todo:

El hecho de que las famosas inyecciones simplemente fueran complejos vitamínicos y los que los tomaban sentían rejuvenecer (y de hecho lo hacían), por su efecto placebo. Hasta allí llegó mi paciencia.

A pesar de todo lo anterior, debo reconocer que la novela está escrita de manera impecable y fue lo que hizo que terminara de leerla, porque la narrativa de Clara Sánchez es sencillamente envolvente, extraordinaria. Tanto, que a pesar de todos los peros logró que sintiera empatía por Julián y por Sandra. Tenía razón mi amiga al recomendarme el libro: "¿quieres saber cómo escribe una ganadora de premios? Con esta novela podrás aprender".

Tal vez haya aprendido algo, eso no se sabe hasta llegado el momento.

¡Hasta la próxima, amigos!

domingo, 17 de abril de 2016

¿Lo hueles o lo lees?

El libro: ¿Lo hueles o lo lees? todavía hay personas que se resisten a usar teléfonos celulares, como doña María, una vecina; también odia las computadoras, aunque por suerte el mando a distancia del televisor lo usa de manera genial. Pero hasta cierto punto es comprensible, tiene 92 años, como le gusta aclararlo. Sin embargo hay personas que a pesar de su edad se avienen muy bien con las nuevas tecnologías, era el caso de mi Waldek que, a sus 82 años disfrutaba una enormidad leyendo noticias y datos en Internet o escribiendo correos electrónicos a sus clientes, a la casa matriz de la representación con la que trabajaba o a algunos de sus amigos que, como él, no daban la espalda a la tecnología.
Por eso me asombra cuando gente relativamente joven dice que prefiere leer libros en papel por aquello del olor y el tacto. Y no lo digo por mis libros, que al fin y al cabo están en todos los formatos, sino por todo lo que se pierden al renunciar a un dispositivo tan práctico como es el lector electrónico.
Acabo de terminar de leer la novela: "La princesa de Hielo" en papel. Me la prestó un amigo. Todavía siento un ligero dolor entre el dedo pulgar y el índice por tratar de retener en su lugar la página. ¡430 páginas en la versión de bolsillo, vaya! Al final las letras bailaban frente a mis ojos. Estoy acostumbrada a mi Kindle, en el que puedo graduar el tamaño de las letras.
En estos días conversaba con la señora María y me dijo con pena que ya no podía leer porque cada vez veía menos. Le expliqué lo del Kindle, pero no hubo manera de que se entusiasmara. Y me consta que es una magnífica lectora. Cada libro que le prestaba me lo devolvía con una nota escrita con sus apreciaciones. En su caso es comprensible, cuando leyó "La búsqueda" contaba 88 años:

Mi muy querida y admirada Blanca:
No tienes idea del placer que me has proporcionado con la lectura de tu magnífico libro «La búsqueda» el cual al mismo tiempo me dio a conocer al maravilloso personaje que fue Henry, tu esposo.
No logro saber dónde estás tú en esa biografía; no sabía que él estuvo en el ataque a las torres de gemelas, debió ser de terror.
Me hizo gracia saber que un hombre tan serio como yo lo veía, haya tenido tantos amores, ¡era un romántico! ¿Quién lo hubiera pensado?
El relato tiene momentos desesperantes por la crueldad nazi que él vivió, asimismo me hizo reír la ocurrencia del que se pintó un termómetro en el pene. Hay pasajes sorprendentes. Tu forma de relatar, sencilla y clara al mismo tiempo me apasionó desde que comencé a leer hasta el final. Te diré que tengo costura, tejido y cosas de la casa y todo lo dejé en espera por leer, leer y leer.
Mis felicitaciones, y me siento honrada de que me hayas considerado digna de leer y entender tu magnífica prosa.
Hoy me siento orgullosa de haberlos conocido y siento no haber estado más en contacto con ustedes.
Con gran cariño te doy las gracias y te deseo continúen tus éxitos,
Tuya,
María Josefina Vegas.



viernes, 1 de abril de 2016

¿Cómo publico en Amazon?

Para mí que llevo varios años haciéndolo es una tarea tan rutinaria que la pregunta me causa asombro, pero comprendo que hay muchos escritores que no conocen el sistema, o que nunca han escuchado hablar de Amazon ni de ninguna plataforma digital y, claro, siempre lo nuevo genera dudas, temores y desconfianza.

Lo primero que se debe hacer es familiarizarse con la plataforma. Entrar a cualquiera de las listas para observar qué libros se venden, pasearse entre las listas de géneros y subgéneros para poder dilucidar en qué lista podrían situar mejor su novela cuando la suban.

Si nunca han hecho alguna compra en Amazon es primordial registrarse para subir su libro, lo que pueden hacer AQUÍ

Y, por supuesto, tener su manuscrito escrito y revisado en formato Word (así es como yo las subo) aunque sé que los expertos lo hacen en formato HTML, sigla en inglés de Hyper Text Markup Language (lenguaje de marcas de hipertexto), que parece que queda perfecto, pero yo no he tenido problemas con Word.

Asegurarse de hacer una Tabla de Contenidos porque Amazon la exige. Es un Índice con hipervínculos para cada capítulo, de manera que facilita la lectura en un lector electrónico. Si no sabes cómo hacerla, AQUÍ tienes un sitio donde lo explican con claridad.

La portada es otro de los puntos clave. Si no sabes manejar Power Point, Paint, o cualquier programa para generar imágenes, es mejor que la encargues a alguien que sepa hacerlas. Hay muchas personas que actualmente se dedican a diseñar portadas y en tu país te saldría más económico que encargarla al exterior, sobre todo si vives en Venezuela, pero también tienes la opción que te da Amazon, ellos tienen un banco de imágenes del que puedes hacer uso dado el caso, es gratis y puedes escoger también la fuente. Es un método práctico que en alguna ocasión he usado.

Una vez que ingreses al sitio para subir tu libro, solo tienes que seguir las indicaciones (puedes elegir el idioma arriba a la derecha) al pie de la letra. No hace falta ser un experto en informática, yo era nulidad hasta para registrarme en las páginas web de algunos sitios y en Amazon pude hacerlo sin ayuda. Así que seguro tú también lo podrás hacer. Y si crees que no has comprendido mi explicación busca en Google, hay infinidad de páginas acerca del tema.

Publicar tu libro es la parte más sencilla. Lo difícil viene después. ¿Cómo dar a conocer tu libro entre la enorme cantidad que se expone en Amazon?

Podrías empezar en Facebook. Hay muchos grupos de lectores y escritores, solo tienes que escribir en el buscador: “lectores”, “escritores”,  “libros”, “literatura”, etc., y encontrarás una comunidad de personas dedicadas a leer y escribir. Son contactos o amistades que te irán introduciendo al mundo de la autoedición y verás que no estás solo.

Twitter también es un medio para propagar tus libros, igualmente tendrías que seguir a lectores, escritores, gente relacionada y a quien sea que se te cruce, porque nunca se sabe, un vendedor de helados puede ser un magnífico lector. Y lo más importante: Al mismo tiempo que promocionas tu libro promocionar el de otros. Es la única manera como conseguirás réplicas de tus promociones o como se llaman en Twitter: RT (retweets).

Nunca publicites tu libro sin dar el enlace directo al sitio de venta, de lo contrario ese aviso sería inútil. Y preferiblemente usa imágenes, los avisos sin imágenes pasan inadvertidos la mayoría de las veces.

Yo tengo una lista de avisos de muchos escritores que eventualmente promociono en Twitter, y recibo muchas réplicas y también promocionan mis libros con preciosas imágenes.

Lo que no puedo dejar de decir de ninguna manera: Tu libro se venderá si tu historia es buena y está bien escrita. No cometas el error de subirla con fallas o sin haber pasado por la revisión de un experto o al menos un lector que no sea complaciente.

Espero haber contestado a algunas inquietudes que siempre me preguntan, y aunque tengo muchas entradas al respecto, vuelvo a resumirlas aquí para los que empiezan en el mundo de la autopublicación.

¡Hasta la próxima, amigos!